A vueltas con las puertas
Debo estar metida en una película de Buñuel y aún no me he dado cuenta. Sino, no le encuentro explicación...
El viernes mi padre me hace comer aprisa y corriendo para ir a ver mis puertas antes de irme a Madrid. Parecía el vendedor, en serio. Que si estaban de acuerdo con el marco, que si están preciosas, que si era el mismo dibujo que el bajorelieve de la hoja, que si el cerrajero le había dicho que así estaban preciosas,...
En fin, que las puertas no estaban mal, pero sigo convencida de que podrían quedar bonitas con las molduras lisas y lasas.
Mi padre, que le pone voluntad pero veces parece que se alía con el enemigo, me dice que llame al carpintero para decirle como las quiero, porque si se lo digo me las v¡cambia. Pero yo quiero ver como quedan las lisas, que son las que quería, así que no tengo nada que decirle. Todavía.
¡¡Que llames al carpintero!!
¿Y para qué?¿para nada? Lo peor es que cualquier jefe de obra haría lo mismo. Asumen que hay cosas que no hay que preguntar. Pues no, ¡¡hay que preguntar TODO!!
Hablo con el carpintero -otra estupidez de esas que hay que hacer en la vida- y me dice que haga lo que quiera pero que esas puertas se ponen con esas molduras. En este punto empiezo a pensar que vivo en un universo paralelo. Que si pongo molduras lisas mato la puerta. ¡Pues claro, memón! ¡Si quiero angelotes ya los pintaré luego!. Que así quedan preciosas y que si no van a quedar muy sosas. Sobrias, digo yo, van a quedar sobrias. ¡Modernas! Pero es que esas no son puertas modernas, responde. Bueno, que el lunes te digo lo que sea.
Lo único que conseguí es cabrearme. Otro gilipollas que no se plantea diferentes maneras de hacer las cosas. Y ahora estoy convencida de que no preguntó, porque, ¿como va a querer alguien unas puertas blancas modernas y sin florituras? Al menos el carpintero aun no acaba de imaginárselo.
Estoy hasta el moño y si transijo es por acabar de una vez y no volver a escuchar a nadie sobre mi casa NUNCA MÁS. Si no le gusta a alguien que se joda, pero los muebles los elegiré yo, y ya está.
El viernes mi padre me hace comer aprisa y corriendo para ir a ver mis puertas antes de irme a Madrid. Parecía el vendedor, en serio. Que si estaban de acuerdo con el marco, que si están preciosas, que si era el mismo dibujo que el bajorelieve de la hoja, que si el cerrajero le había dicho que así estaban preciosas,...
En fin, que las puertas no estaban mal, pero sigo convencida de que podrían quedar bonitas con las molduras lisas y lasas.
Mi padre, que le pone voluntad pero veces parece que se alía con el enemigo, me dice que llame al carpintero para decirle como las quiero, porque si se lo digo me las v¡cambia. Pero yo quiero ver como quedan las lisas, que son las que quería, así que no tengo nada que decirle. Todavía.
¡¡Que llames al carpintero!!
¿Y para qué?¿para nada? Lo peor es que cualquier jefe de obra haría lo mismo. Asumen que hay cosas que no hay que preguntar. Pues no, ¡¡hay que preguntar TODO!!
Hablo con el carpintero -otra estupidez de esas que hay que hacer en la vida- y me dice que haga lo que quiera pero que esas puertas se ponen con esas molduras. En este punto empiezo a pensar que vivo en un universo paralelo. Que si pongo molduras lisas mato la puerta. ¡Pues claro, memón! ¡Si quiero angelotes ya los pintaré luego!. Que así quedan preciosas y que si no van a quedar muy sosas. Sobrias, digo yo, van a quedar sobrias. ¡Modernas! Pero es que esas no son puertas modernas, responde. Bueno, que el lunes te digo lo que sea.
Lo único que conseguí es cabrearme. Otro gilipollas que no se plantea diferentes maneras de hacer las cosas. Y ahora estoy convencida de que no preguntó, porque, ¿como va a querer alguien unas puertas blancas modernas y sin florituras? Al menos el carpintero aun no acaba de imaginárselo.
Estoy hasta el moño y si transijo es por acabar de una vez y no volver a escuchar a nadie sobre mi casa NUNCA MÁS. Si no le gusta a alguien que se joda, pero los muebles los elegiré yo, y ya está.
Etiquetas: Mi casita

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