Tradiciones navideñas
Hoy es nochevieja, y, no se por qué, he estado pensando en esas tradiciones navideñas "propias" que todos tenemos. No, no estoy hablando del empacho -obligatorio-, de la felicidad -casi obligatoria, tengas el ánimo como lo tengas-, de la embriaguez -optativa pero complicada de evitar- o de la obligación de salir por ahí- las alternativas van desde "qué sosa eres", "solo es una copa" hasta mi favorita "hay que empezar bien el año".
Que conste que no estaba pensando en eso, pero esta última obligación me repatea. Eso de tener que salir por obligación pasada la medianoche a pasar frio entre copa y copa en garitos abarrotados y llenos de humo, no es que me convenza demasiado. Y si añades el pestazo a pulmón muerto....esto...a tabaco, quiero decir, las ganas de quedarte en casa suben. Hace dos años me quedé en casa, yéndome a dormir después de las uvas, y la recuerdo como uno de los mejores fines de año que he pasado.
Volviendo a las tradiciones, tampoco pensaba en las uvas de medianoche, que en mi casa están siempre protagonizadas por mi padre. Escoge las uvas más pequeñas para él, y además hace trampa, comiéndose unas cuantas antes de que suenen los cuartos; pese a todo, casi nunca se las acaba con las campanadas. No, más bien pensaba en M., que en Alemania estará viendo la película esa que solamente tiene dos actores, y que ven todas las nocheviejas desde hace varios lustros. Sin salir de las películas, en Estados Unidos estarán emitiendo "Que bello es vivir", fábula con moraleja que ponen cada año. Y aquí, debajo de casa de mis padres, en el parque, hay vecinos que cada fin de año organizan un espectáculo de fuegos artificiales que siempre supera al anterior. Todos salimos a los balcones, desafiando al frio, para ver el espectáculo y unirnos a él con serpentinas y juegos de luces -encendiendo y apagando las lámparas de las terrazas-.
Además de los fuegos artificiales de nochevieja -año nuevo, más bien, porque se hace después de las uvas-, cada Navidad tiene sus tradiciones, además de las consabidas cenas. En familia, por ejemplo, siempre jugábamos al parchis en nochebuena, después de la cena, con el encanto de que mi hermana y mi padre perseguían con saña a mi madre, que indefectiblemente acababa cabreada con ellos. Digo jugábamos porque ahora, con mi cuñado en la familia, parece ser que lo del parchís no convence. Con las presuntas, cada año había una timba de pocha -La "Superpocha"- que duraba toda la noche y que incluia una cena bien regada con los -ejem. ejem- amigos. Con ellas mismas, nos hacíamos un regalito con el sistema del "amigo invisible", que normalmente coindicía con el café del día de Navidad y la visita al macro belén de B., que ampliaba cada año, ocupando una habitación entera.
Ahora, continuo la tradición del amigo invisible, pero con otras amigas. También me voy a Madrid un fin de semana para comer o cenar con mis amigos, aunque más que la Navidad, celebramos la oportunidad de estar juntos, lo que no es poco.
A mi nunca me ha gustado la Navidad. Al menos cuando vivía fuera era un motivo de alegría volver una semana a casa... En cualquier caso reconozco que estas tradiciones hacen de la Navidad algo especial, y ayudan a que el consumismo desmedido y las rebajas no sean los protagonistas.
Este año, además, he puesto el árbol, iniciando una costumbre que espero que se convierta en tradición.
¿Conseguiré además poner el belén?
Que conste que no estaba pensando en eso, pero esta última obligación me repatea. Eso de tener que salir por obligación pasada la medianoche a pasar frio entre copa y copa en garitos abarrotados y llenos de humo, no es que me convenza demasiado. Y si añades el pestazo a pulmón muerto....esto...a tabaco, quiero decir, las ganas de quedarte en casa suben. Hace dos años me quedé en casa, yéndome a dormir después de las uvas, y la recuerdo como uno de los mejores fines de año que he pasado.
Volviendo a las tradiciones, tampoco pensaba en las uvas de medianoche, que en mi casa están siempre protagonizadas por mi padre. Escoge las uvas más pequeñas para él, y además hace trampa, comiéndose unas cuantas antes de que suenen los cuartos; pese a todo, casi nunca se las acaba con las campanadas. No, más bien pensaba en M., que en Alemania estará viendo la película esa que solamente tiene dos actores, y que ven todas las nocheviejas desde hace varios lustros. Sin salir de las películas, en Estados Unidos estarán emitiendo "Que bello es vivir", fábula con moraleja que ponen cada año. Y aquí, debajo de casa de mis padres, en el parque, hay vecinos que cada fin de año organizan un espectáculo de fuegos artificiales que siempre supera al anterior. Todos salimos a los balcones, desafiando al frio, para ver el espectáculo y unirnos a él con serpentinas y juegos de luces -encendiendo y apagando las lámparas de las terrazas-.
Además de los fuegos artificiales de nochevieja -año nuevo, más bien, porque se hace después de las uvas-, cada Navidad tiene sus tradiciones, además de las consabidas cenas. En familia, por ejemplo, siempre jugábamos al parchis en nochebuena, después de la cena, con el encanto de que mi hermana y mi padre perseguían con saña a mi madre, que indefectiblemente acababa cabreada con ellos. Digo jugábamos porque ahora, con mi cuñado en la familia, parece ser que lo del parchís no convence. Con las presuntas, cada año había una timba de pocha -La "Superpocha"- que duraba toda la noche y que incluia una cena bien regada con los -ejem. ejem- amigos. Con ellas mismas, nos hacíamos un regalito con el sistema del "amigo invisible", que normalmente coindicía con el café del día de Navidad y la visita al macro belén de B., que ampliaba cada año, ocupando una habitación entera.
Ahora, continuo la tradición del amigo invisible, pero con otras amigas. También me voy a Madrid un fin de semana para comer o cenar con mis amigos, aunque más que la Navidad, celebramos la oportunidad de estar juntos, lo que no es poco.
A mi nunca me ha gustado la Navidad. Al menos cuando vivía fuera era un motivo de alegría volver una semana a casa... En cualquier caso reconozco que estas tradiciones hacen de la Navidad algo especial, y ayudan a que el consumismo desmedido y las rebajas no sean los protagonistas.
Este año, además, he puesto el árbol, iniciando una costumbre que espero que se convierta en tradición.
¿Conseguiré además poner el belén?

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